miércoles, 25 de marzo de 2020

NICOLÁS MAQUIAVELO


Nicolás Maquiavelo fue un diplomático, funcionario, filósofo político y escritor italiano, considerado padre de la Ciencia Política moderna.​ Fue así mismo una figura relevante del Renacimiento italiano. En 1513 escribió su tratado de doctrina política titulado El príncipe,  publicado en Roma en 1531.



Maquiavelo tiene una concepción totalmente diferente de la sociedad humana: para él el hombre es por naturaleza perverso y egoísta, sólo preocupado por su seguridad y por aumentar su poder sobre los demás; sólo un estado fuerte, gobernado por un príncipe astuto y sin escrúpulos morales, puede garantizar un orden social justo que frene la violencia humana. Fue el primero en usar la palabra estado en su sentido moderno. Algunos le atribuyen la invención de la dictadura moderna y su consiguiente Realpolitik, como expresión específicamente distinta de las antiguas formas de totalitarismo. Sus ideas políticas estaban impregnadas de sentido práctico y una visión realista de gobierno.

Su obra El Príncipe (1513):
El príncipe o el gobernante, tiene como misión la felicidad de sus súbditos y ésta sólo se puede conseguir con un Estado fuerte. Para conseguirlo tendrá que recurrir a la astucia, al engaño y, si es necesario, a la crueldad. La virtud fundamental es la prudencia, para la conveniencia del Estado. Si el interés de la patria exige traición o perjurio, se comete. "La grandeza de los crímenes borrará la vergüenza de haberlos cometido". Los medios no importan: no es necesaria la moral, sino un realismo práctico, no lo que debe ser, sino lo que es en realidad. Política y moral son dos ámbitos distintos e incluso contradictorios. Aunque El Príncipe estuviera dedicado a Lorenzo de Medicis (1492-1519) [duque de Urbino], con la esperanza de recuperar la confianza perdida, Maquiavelo quiere presentar en su obra el arquetipo de cualquier político. Su personalidad debe poseer condiciones especiales para llegar al poder y mantenerse en él:
  • Capacidad de manipular situaciones, ayudándose de cuantos medios precise mientras consiga sus fines: lo que vale es el resultado. "El que consigue el poder es el Príncipe, el que consigue el orden y la paz son los súbditos".
  • El gobernante debe poseer seria destreza, intuición y tesón, así como habilidad para sortear obstáculos, y "moverse según soplan los vientos".
  • Diestro en el engaño: No debe tener virtudes, solo aparentarlas.
  • Amoral, indiferencia entre el bien y el mal, debe estar por encima.
Para Maquiavelo la mejor forma de gobierno es la República: "el gobierno de muchos es mejor que el de unos pocos", y justifica la romana como la más perfecta. Aunque él era republicano y aspiraba a convertir a Florencia en un Estado fuerte, en El Príncipe acepta, como mal menor, que en ciertos momentos de corrupción y desorden que es más útil y eficaz la acción de un solo personaje, adornado de cualidades excepcionales.
El príncipe, y de hecho en esta obra pareciera ser una especie de héroe, un hombre capaz de adaptarse a los circunstancias cambiantes, lo cuál es el secreto del éxito. En política, todo depende de las circunstancias.
He aquí la frase más conocida, El fin justifica los medios, que aunque no es de Maquiavelo, siempre se le ha atribuido a él, pero es que con esta afirmación, se sintetiza toda su filosofía política. Porque para cada situación, existe una forma de actuación, que varía según las circunstancias, que cambian con el tiempo. Por tanto, no hay un único modo de hacer política, de gobernar, sino que esto va a depender del momento. Cada acción será justificada por su finalidad. Y a la consecución de un fin concreto ha de dirigirse toda decisión que se tome en política.
Y esto es lo que debe saber un Príncipe, un gobernante, porque cuando se trata de defender el propio país, no deben tenerse en cuenta cosas como el bien o el mal. La política no tiene relación con la moral.
Considera, como Hobbes, que el ser humano es malo por naturaleza y que por lo tanto, el gobernante ha de ser muy consciente de ello a la hora de hacer las leyes. Porque si una persona puede hacer el mal y beneficiarse de ello, sin ninguna duda lo hará. Si no lo hacen, es simplemente por temor.
"Si una persona desea fundar un estado y crear sus leyes, debe comenzar por asumir que todos los hombres son perversos y que están preparados para mostrar su naturaleza, siempre y cuando encuentren la ocasión para ello."
ACTIVIDADES
Analizar las siguientes frases:
§  Es mejor ser temido que amado.                 
§  Es mejor actuar y arrepentirse que no actuar y arrepentirse.                                      
§  El fin justifica los medios.                           
§  La política no tiene relación con la moral.









EL PRÍNCIPE DE MAQUIAVELO

Lea el siguiente texto y conteste las preguntas que se plantean:

“¡Cuán digno de alabanza es un príncipe cuando mantiene la fe que ha jurado, cuando vive de un modo íntegro y cuando no usa de doblez en su conducta! No hay quien no comprenda esta verdad, y, sin embargo, la experiencia de nuestros días muestra que varios príncipes, desdeñando la buena fe y empleando la astucia para reducir a su voluntad el espíritu de los hombres, realizaron grandes empresas, y acabaron por triunfar de los que procedieron en todo con lealtad. Es necesario que el príncipe sepa que dispone, para defenderse, de dos recursos: la ley y la fuerza. El primero es propio de hombres, y el segundo corresponde esencialmente a los animales. Pero como a menudo no basta el primero es preciso recurrir al segundo. Le es, por ende, indispensable a un príncipe hacer buen uso de uno y de otro, ya simultánea, ya sucesivamente. (…) Cuando un príncipe dotado de prudencia advierte que su fidelidad a las promesas redunda en su perjuicio, y que los motivos que le determinaron a hacerlas no existen ya, ni puede, ni siquiera debe guardarlas, a no ser que consienta en perderse. Y obsérvese que, si todos los hombres fuesen buenos, este precepto sería detestable. Pero, como son malos, y no observarían su fe respecto del príncipe, si de incumplirla se presentara la ocasión, tampoco el príncipe está obligado a cumplir la suya, si a ello se viese forzado. (…) Pero es menester saber encubrir ese proceder artificioso y ser hábil en disimular y en fingir. Los hombres son tan simples, y se sujetan a la necesidad en tanto grado, que el que engaña con arte halla siempre gente que se deje engañar. (…) No hace falta que un príncipe posea todas las virtudes de que antes hice mención, pero conviene que aparente poseerlas. Hasta me atrevo a decir que, si las posee realmente, y las practica de continuo, le serán perniciosas a veces, mientras que, aun no poseyéndolas de hecho, pero aparentando poseerlas, le serán siempre provechosas. Puede aparecer manso, humano, fiel, leal, y aun serlo. Pero le es menester conservar su corazón en tan exacto acuerdo con su inteligencia que, en caso preciso, sepa variar en sentido contrario. Un príncipe, y especialmente uno nuevo, que quiera mantenerse en su trono, ha de comprender que no le es posible observar con perfecta integridad lo que hace mirar a los hombres como virtuosos, puesto que con frecuencia, para mantener el orden en su Estado, se ve forzado a obrar contra su palabra, contra las virtudes humanitarias o caritativas y hasta contra su religión. Su espíritu ha de estar dispuesto a tomar el giro que los vientos y las variaciones de la fortuna exijan de él, y, como expuse más arriba, a no apartarse del bien, mientras pueda, pero también a saber obrar en el mal, cuando no queda otro recurso. (…) Dedíquese, pues, el príncipe a superar siempre las dificultades y a conservar su Estado. Si logra con acierto su fin se tendrán por honrosos los medios conducentes a mismo, pues el vulgo se paga únicamente de exterioridades y se deja seducir por el éxito. Fuente: Maquiavelo, Nicolás (2004): El Príncipe. Capítulo XVIII De qué modo deben guardar los príncipes la fe prometida. En www.laeditorialvirtual.com.ar Dos cosas ha de temer el príncipe son a saber: 1) en el interior de su Estado, alguna rebelión de sus súbditos; 2) en el exterior, un ataque de alguna potencia vecina.
Este  segundo  representa un temor pero que con buenas armas, y, sobre todo, con buenas alianzas, logrará siempre éxito. Ahora bien: cuando los conflictos exteriores están obstruidos, lo están también los interiores, a menos que los haya provocado ya una conjura. Pero, aunque se manifestara exteriormente cualquier tempestad contra el príncipe que interiormente tiene bien arreglados sus asuntos, si ha vivido según le he aconsejado, y si no le abandonan sus súbditos, resistirá todos los ataques foráneos, como hemos visto que hizo Nabis, el rey lacedemonio. Sin embargo, con respecto a sus gobernados, aun en el caso de que nada se maquine contra él desde afuera, podrá temer que se conspire ocultamente dentro. Pero esté seguro de que ello no acaecerá, si evita ser aborrecido y despreciado, y si, como antes expuse por extenso, logra la ventaja esencial de que el pueblo se muestre contento de su gobernación. Por consiguiente, uno de los más poderosos preservativos de que contra las conspiraciones puede disponer el soberano, es no ser aborrecido y despreciado de sus súbditos, porque al conspirador no le alienta más que la esperanza de contentar al pueblo, haciendo perecer al príncipe. Pero cuando tiene motivos para creer que ofendería con ello al pueblo, le falta la necesaria amplitud de valor para consumar su atentado, pues avizora las innumerables dificultades que ofrece su realización. La experiencia enseña que hubo muchas conspiraciones, y que pocas obtuvieron éxito, porque, no pudiendo obrar solo y por cuenta propia el que conspira, ha de asociarse únicamente a los que juzga descontentos. Mas, por lo mismo que ha descubierto a uno de ellos, le ha dado pie para contentarse por sí mismo, ya que al revelar al príncipe la trama que se le ha confiado, bástale para esperar de él un buen premio. Y como de una parte encuentra una ganancia segura, y de otra parte una empresa dudosa y llena de peligros, para que mantenga la palabra que dio a quien le inició en la conspiración será menester, o que sea un amigo suyo como hay pocos, o un enemigo irreconciliable del príncipe. Fuente: Maquiavelo, Nicolás (2004): El Príncipe Capítulo XIX: El príncipe debe evitar ser aborrecido y despreciado.



Conteste:
1. Explique a quién se refiere el autor cuando habla del “Príncipe”.
2. Describa dos características que debe tener un gobernante de acuerdo al texto.
3. Según Maquiavelo, el Príncipe debe perseguir como principal objetivo servir a los fines del Estado. Describa dos medios que ayudarán al gobernante a conseguir esta meta.
4. Una de las frases más conocidas del autor es “el fin justifica los medios”. Explique los planteamientos que presenta el autor para llegar a esta máxima.
 5. Escriba un texto que describa el desempeño de un gobernante imaginario de la actualidad, que aplique las ideas de Maquiavelo.
6. ¿Cree que un gobernante como el que ha descrito, sería un aporte para nuestra sociedad?

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